Cutrismo

Muchos recordamos las películas ambientadas en la España triste y en blanco y negro de los años 50 y 60. Mostraban unos pueblos sin recursos, sumidos en la miseria, que se intentaba paliar en contadas fiestas con un baile popular en la plaza principal, al son de una banda de músicos que trataban de dar lo mejor de sí (no siempre lo conseguían) para que el personal pasara una noche de baile, olvidando por un rato sus miserias, su falta de recursos y sus pobres y durísimas existencias.

Esto era la realidad en ese momento. No había más.

En el año 2017, donde la tecnología, los medios y la imaginación nos pueden abrir un campo casi ilimitado de montajes de espectáculos prácticamente con un par de diminutos aparatos, podemos observar como en multitud de ciudades y pueblos de España, el encendido de luces de Navidad, se convierte en un espectáculo para los sentidos, llenando a la vez plazas y calles de personal, que aprovecha para divertirse y llenar comercios.

La pasada semana, con motivo del “encendido” del árbol cedido amablemente por la comunidad nórdica y dando una vuelta por el centro, pude comprobar (ya contaba con varios comentarios al respecto), el desánimo que nos invade. Unas fachadas de la Iglesia y Ayuntamiento sin una triste bombilla, un Belén Monumental con una alarmante alegoría a nuestro pueblo (muchos edificios y pocas figuritas), una remodelada fuente que…. (Aquí me ahorro el comentario) y un árbol nórdico con escasa y triste iluminación.

No soy yo partidario de los grandes faustos y de la promoción del consumo que son actualmente las Navidades, pero en el tiempo en que nos ha tocado, el consumo es el motor de la economía y hay que aprovechar el tirón y la vena solidaria de estos días, alimentándolos con un poco de alegría urbana. Una pantalla gigante, una iluminación led conectada a un ordenador, un láser contra la pared de un edificio, un poco de música (en directo o en lata) y una barra popular, mezclado con un poquito de imaginación, son una bomba que saca de su casa al más pintado y compensa y multiplica el desembolso que por otra parte, no creo que fuera demasiado, para lo que mueve nuestro pueblo. En cambio, a las 8 de la tarde, ya no había nadie en la plaza ni en calles cercanas, volviendo a la desolación diaria del centro.

Hemos convertido Torrevieja en un pueblo tristón, de colores apagados, sin entusiasmo, falto de imaginación.

Esta vez, no pongo nota. Que cada uno saque sus conclusiones, pero una vez más acudiendo a la inventiva de palaras y con el permiso del maestro Cela, hay una que podría encajar y definir el estado actual. Ha llegado para instalarse, el CUTRISMO.

Juan Carlos Garcia Sala

Vocal ejecutiva de SUEÑA TORREVIEJA

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